Friday, March 30, 2007

River 0 - LDU 0

River tenía una oportunidad única de reivindicarse ante su gente. Tras la derrota frente a los jujeños, el equipo de Passarella recibía a la Liga Deportiva Universitaria de Quito, dirigida por Edgardo Bauza, con la obligación de una victoria para quedar bien posicionado en el Grupo 6 de la Copa Libertadores. Un choque fundamental para ambos de cara a la clasificación. El local arrancó con todo, como queriendo llevárselo por delante a su rival. Con el tándem Ferrari-Rosales por la derecha, y la presencia de Ponzio en el medio, River le quitó la pelota al conjunto ecuatoriano y comenzó a acercarse al arco de Mora. Sin embargo, la primera gran chance la tuvo la visita. Fue a los 9' y de pelota parada. Jairo Campos peinó un tiro libre desde la izquierda y la pelota pasó muy cerca del ángulo de Carrizo. El silencio inundó El Monumental y más de un corazón se paralizó, al menos un instante. Pero River no se desanimó y siguió buscando. Con Belluschi apagado, quien tomó la posta fue Rosales. El ex Newell's se mostró muy movedizo y complicó cada vez que se lo propuso a Calderón, Campos o quien le tocara marcarlo. Sin embargo, le costó mucho encontrarse con Farías, su socio de ataque, que al igual que ante Arsenal luchó más de lo que pensó a la hora de mostrarse y definir. La jugada que sintetiza a lo que apostó River en el primer tiempo sucedió a los 15'. Rosales encaró por la derecha, a puro desparpajo y con caño incluido se sacó de encima a su marca. Se juntó con Augusto Fernández y armaron una pared bárbara. El volante se metió en el área y mandó un centro bajo que Zapata, exigido, no llegó a conectar. En defensa tampoco derrochaba seguridad. Rivas y Gerlo (¿son mucho más que Nasuti?) volvieron a dejar en claro que no se entienden y más de una vez quedaron expuestos ante las corridas de Salas y Lara. Y no porque los delanteros de la Liga hayan sido una pesadilla ni mucho menos. Pero las subidas de Ferrari y Villagra parecen ser un verdadero dilema para los dos centrales, que en su afán por cubrir los huecos terminan llegando tarde siempre, a todos los cruces. El ejemplo de ello fue a cuatro del final del PT, cuando Ambrosi apareció solo por el medio y, ante la ausencia de ambos, quien tuvo que derribarlo para evitar el 1-0 fue Ferrari. El lateral-volante se ganó una merecida amarilla.River quiso hacer todo rápido pero con poca claridad. Se repitió una y otra vez por la derecha y abusó mucho de los centros de Rosales. Fueron pocas las veces que el wing (sí, al estilo de los de antes), intentó la diagonal hacia el área. Así, los defensores ecuatorianos, en especial Araujo, se llenaron de chichones. Sólo Belluschi y Ponzio intentaron, sin éxito, romper el cerrojo visitante con disparos desde afuera. En el inicio del segundo tiempos las cosas no cambiaron demasiado. River siguió yendo y rápidamente tuvo la primera. Augusto Fernández mandó un gran centro para Zapata, que logró cabecear pero con muy poca precisión. Enseguida, lo tuvo Farías pero tardó una eternidad en definir y lo terminaron tapando. La superioridad era notoria y el local largamente merecía la ventaja. Pero que River no juega como más le gusta a la gente es tan cierto como que tampoco liga una. Preocupa realmente lo del Tecla Farías. Está peleado con el gol y el problema se acrecienta en forma proporcional al bajón del equipo. También llama la atención lo de Belluschi, aunque es inentendible el fastidio de la gente millonaria con el Pelado. ¿Acaso puede alguien pasar de ídolo y figura a ser resistido sin escalas? No suena lógico, de la misma manera que la exigencia por Ortega. Como si el Burrito fuera el salvador, el único capaz de solucionar todo. La gente se impacientó cada vez y los pedidos por Ramón Díaz no tardaron en llegar. Tampoco faltó el pedido para "que se vayan todos". La interna política que vive el club se refleja en las tribunas y el equipo lo siente. Con este 0-0, River quedó muy complicado en el Grupo 6 de la Copa Libertadores, pero eso es sólo la punta del iceberg.