Todo Nacional sabía lo importante que era la victoria que estaba a punto de concretarse ante Progreso y por eso ahí estaban todos al borde del banco de suplentes: el cuerpo técnico, los suplentes que no entraron, los titulares que fueron reemplazados y hasta algún dirigente. Falta un minuto de los descuentos para terminar el partido y la imagen refleja la ansiedad típica de quienes se aprestan a saltar a la cancha cuando el juez pite y se concrete un campeonato.No había un título en juego, pero por el momento que vive el tricolor una victoria vale como una vuelta olímpica. La ansiedad era porque los 11 que permanecían en la cancha estaban metidos en su cancha, presionados por un Progreso que no se resignaba a aceptar el 1-0.
Y llegó el final. Entonces fue el tiempo de los abrazos, del saludo a la hinchada, esa que bancó a muerte al equipo en los momentos más duros y a la que el equipo le brindó su aplauso luego que Daniel Carreño saltara corriendo a la cancha a decirle a sus futbolistas que fueran a obsequiarle los tres puntos a una parcialidad que se lo merecía.
Poco importaba que el equipo hubiera vuelto a jugar mal, o que Progreso mereció el empate. Nadie recordaba a esa altura que a los 62` Javier Delgado marró un penal (dudoso a Godín) que pudo haber evitado todo el sufrimiento del final o que el árbitro Heber Rodríguez (de floja actuación) no cobró un claro penal de Pablo Álvarez contra el delantero gaucho Néstor Silva a los 69`.
Nacional al fin había ganado su primer partido del torneo, con un gol de Diego Vera (quién si no) apenas iniciado el segundo tiempo. Eso sí, en juego quedó en deuda.
Una vez más, colectivamente los tricolores volvieron a fallar. Igualmente, hay cosas para destacar. Lo principal, que fue paciente, no se desesperó por llegar al gol como en partidos anteriores, lo cual le permitió mantener cierto orden defensivo y controlar el partido. También tuvo una loable actitud a triangular, aunque se fallaron muchos pases.
Diego Godín cortó muchísimo juego atrás, Matías Cardacio tuvo un gran despliegue y Vera hizo el gol (a pase del juvenil) y fue el primero en marcar la salida. Lo que pasa es que el hombre no puede hacer todo, porque marca, quita y todavía debe llegar a definir.
Los problemas llegaron en los últimos 15`, cuando Saúl Rivero puso a Martirena, le dio velocidad a la ofensiva de Progreso y así metió a Nacional en su área. El tricolor se salvó del empate dos veces antes de que Heber Rodríguez pitara el final y se terminara la sequía. Ganó y sólo eso importó.