Cuando todo estaba para que el tricolor se trajera por lo menos un punto, cuando el trámite del partido no daba para nada, como había sido a lo largo de los noventa minutos, aparecieron los errores. Primero el de Diego Jaume que le pegó un cabezazo a Marco Quiñónez que terminó con la expulsión de los dos, cuando el chileno Selman todavía le dio una mano al tricolor, porque fue claro que el zaguero albo fue el agresor y el ecuatoriano no hizo nada, solo recibir un frentazo en los dientes. Eso llevó a que Carreño realizara una modificación que no tenía en mente. Tuvo que poner a Alejandro Rodríguez, saliendo Ignacio La Luz, lo que debilitó la zona de contención izquierda del equipo, justamente por el lado que el rival más buscaba la llegada, sobre todo por intermedio de un movedizo Jorge Ladines.Cuando daba la impresión de que el cero a cero no lo movía nadie, apareció una jugada llovida del cielo que terminó dándole la oportunidad a uno de los tantos Quiñónez (Carlos) para pegarle cruzado y mandarla a guardar. Se salvó Emelec, se salvó el técnico Carlos Torres y hasta la familia del entrenador debe estar agradecida a este Nacional que hizo una sola cosa a lo largo de noventa minutos: buscar presionar al rival para no dejarlo jugar.
Pero se olvidó de del ítem más importante: jugar él. Nacional no jugó el partido. No supo qué hacer cuando se hizo de la pelota. Se mató en tratar de tenerla, pero se murió sin saber qué hacer con ella. Y así es imposible.
Carreño dijo que antes del partido no firmaba el empate. Está bien. Pero como planificó el partido, le dio una lapicera a cada jugador. ¿Cuántas chances de gol tuvo a lo largo del partido? Una. Al minuto de comenzado el segundo tiempo un puntazo robado de Jorge Martínez que salvó el caño derecho de Elizaga. Después tuvo dos tiros libres con aproximación en el primer tiempo de Marcelo Sosa y un tiro sin muchas pretensiones de Delgado y un cabezazo de Broli cuando ya se jugaban los descuentos, pero cuéntelas como llegadas, no como potenciales goles.
Demasiado poco. Jugó al empate. La base de la estrategia era esa. Si salía algo, como salió ante Vélez -con otro potencial técnico en ese partido- y se conseguía el empate, fenómeno. Por lo tanto, lo que no quería firmar, lo firmaba. Porque ofensivamente fue nulo. Imprimió sí un sistema de presión-contención correcto, o sea que intentó imprimirle el sello del cero en su arco. Le sobró partido. Faltando dos minutos Emelec se llevó la victoria. Quedaron locos de la vida. Siguen laburando todos. ¿Futuro? No, no tienen. Da lo mismo que hayan ganado, empatado o perdido. Su existencia en esta Copa no existe.
Nacional estudió demasiado el partido. Tanto que se aprendió la lección de memoria. Cuando tuvo que tener una respuesta diferente, no supo qué decir.