Es lo que hay. Que un gol de España ante Islandia en el minuto 79 se celebre tanto, significa que algo falla. Lo que no han fallado han sido las matemáticas. Seis puntos sobre seis. Y en épocas de crisis, bienvenidos sean. No ha sido una noche para enmarcar. En ningún sentido. La lluvia ha sido la indiscutible protagonista durante la primera parte, y menos mal que cejó en su empeño en el segundo acto, porque de lo contrario otro gallo hubiera cantado. Lo mejor que ha dejado el encuentro ha sido la capacidad de liderazgo de David Villa. El 'guaje' es, de largo, el mejor futbolista español en la actualidad, y ha tirado del carro, como ya hizo ante la más complicada Dinamarca. Islandia es un conjunto mediocre. No tiene absolutamente nada, salvo el portero, que ha vivido su noche de gloria. Gudjohnsen, un jugador correcto en un club grande, no pasa de ser más que un símbolo con su país. Porque no rascó bola en toda la noche.Las ocasiones españolas llegaban, aunque sin pegada. De todas formas, el poco nombre del rival servía para que no cundiera el pánica. Total, el gol terminaría llegando, que pensábamos todos. Por su parte, Casillas viviría su noche más plácida del año, sobre todo teniendo como comparación los partidos que juega con el Real Madrid. Una única, y tímida, intervención, sería su bagaje. Morientes caería lesionado al filo del descanso, y llegaría el turno de Torres. Se fajaría con buenas maneras el del Atlético, que en ocasiones se preocupó más en buscar el penalti que en seguir la jugada. El juego de España no fue brillante, ni mucho menos. Mejoraría la fluidez en la segunda parte, cuando Iniesta se dejó ver tras un gris primer tiempo. Entonces sería cuando, con el avance inexorable de las manecillas del reloj, Villa pensó que de ahí no podía pasar el disgusto. Lideraría con casta al equipo, como hacía Raúl, pero dejó la impresión de que, espíritu al margen, su lucha se refleja en el campo.
El asturiano lo intentaría con el pie, con la cabeza, dentro y fuera del área...incluso de rabona. Genio y figura, acompañado esta noche de una forma más intermitente por David Silva. La frustración invadía el Ono Estadi, cuando el reloj volaba, y a Silva le anulaban de forma injusta un gol. La gente se llevaba las manos a la cabeza, y todo empezaba a pintar más oscuro que el cielo del estadio. Y al final, llegó el gol de Iniesta. Vino tras una gran jugada de Villa, que le supo abrir el hueco que el manchego no desaprovecharía.