Mestalla hasta la bandera y pintado de naranja. Hacía recibía la afición valencianista a su equipo en una noche europea mágica. Los ché partían con una ligera ventaja gracias al empate a uno de la ida, pero no se escondieron y en los primeros minutos se vio a un Valencia ofensivo y con hambre de gol. Las primeras ocasiones cayeron del bando local, aunque fueron intentos muy tímidos ante los que Cech no tuvo problemas para atajar el balón. Villa estaba muy motivado y trabajaba a destajo, incluso en tareas defensivas, llegando a presionar a Carvalho hasta acorralarle en su corner y no lo dejó hasta que forzó un saque de banda.Poco a poco la necesidad del Chelsea fue haciéndose patente sobre el campo y los blues fueron imponiendo su juego a base de músculo. El balón era de los ingleses, pero no supieron aprovecharlo para crear peligro más allá de las jugadas a balón parado, donde demostraron ser muy superiores. El Chelsea comenzaba a acorralar al Valencia, pero justo cuando mejor estaban los blues apareció Morientes para ponerlo todo patas arriba. El sonsecano avisó con un disparo al palo y un minuto después envió el balón a la red al rematar con maestría un centro de Joaquín llegado desde la derecha. Mestalla explotaba de alegría. Los ché tenían al todopoderoso Chelsea contra las cuerdas. Antes del descanso Drogba todavía se guarda un as bajo la manga para inyectar nervios en la grada. El marfileño se inventó un remate desde el punto de penalti. El balón tenía billete con destino a la misma escuadra, pero Cañizares voló para evitar el gol e incluso el corner. Mestalla era una fiesta, pero tras la reanudación, las sonrisas de los aficionados se congelaron con el gol de Shevchenko. El ucraniano aprovechó una jugada embarullada en el área para colarse entre los defensas y batir a Cañizares a bocajarro. La eliminatoria estaba igualada. El tanto dejó muy tocado al Valencia que apenas volvió a pisar el campo rival en el resto de minutos. Los blues se hicieron con el mando del partido y creaban peligro con disparos desde la frontal de los que la zaga ché se defendía como podía. Lampard y Ballack crecieron y se impusieron a Albelda y Albiol, secando la fábrica de juego valencianista. En los últimos minutos el Valencia despertó de su letargo y apareció con más asiduidad por las inmediaciones del área de Cech. Tanto que apunto estuvieron de darle un gran susto al portero checo, pero el disparo de Angulo se marchó alto. Todo parecía indicar que habría prórroga en Mestalla, pero en el minuto 90 apareció un invitado con el que nadie contaba. Essien, que había jugado toda la segunda mitad desterrado en el lateral derecho, llegó como una exhalación por la banda y soltó un derechazo seco que se coló por el primer palo. Con ese disparo el ghanés metía al Chelsea en semifinales y mataba las esperanzas del Valencia, que debía marcar dos goles para acceder a la siguiente ronda, un reto que fue imposible.