
La eliminación por penales en el Mundial de Alemania ante el local, en aquel viernes 30 de junio de 2006, ya quedaba lejana. Pasado pisado. Con Basile en el banco, la Selección encendía una vez más la llama de la ilusión. El objetivo: Sudáfrica 2010. El rival era Chile, aunque con un detalle que no pasaba desapercibido y le aportaba un condimento picante a la tarde de sábado en El Monumental. Después de cinco años alejado del fútbol, El Loco Bielsa regresaba como técnico de La Roja, justo en su país. Ante un estadio repleto, Argentina buscaba empezar con una sonrisa el camino hacia la próxima Copa del Mundo. En una decisión que desató la polémica durante la semana, el Coco apostaba a Riquelme como titular, pese a que el enganche no juega en el Villarreal. Adelante, Messi y Tevez lo acompañaban en un triángulo que metía miedo. Maxi Rodríguez, Mascherano y Cambiasso conformaban el mediocampo. Y en el fondo, Zanetti, Demichelis, Gaby Milito y Heinze custodiaban la valla de Abbondanzieri. A la hora de los bifes, se dio la lógica. La Selección tomó la iniciativa y se paró en campo rival con la intención de dominar a través de su eje de juego: Riquelme. Y Román no defraudó. Se calzó la pilcha de protagonista, la pidió siempre y clarificó cada avance del equipo de Basile. También estaba Messi, claro. Lio no se quedó atrás. Con la explosión y el vértigo que lo caracterizan, era el principal factor de desequilibrio ofensivo. Tevez, algo apagado, no terminaba de meterse en el partido. La primera chance, sin embargo, fue un remate de Vidal que contuvo, atento, Abbondanzieri. La respuesta no tardó en llegar. Riquelme probó con un disparo desde afuera del área que pasó cerca del palo derecho del arquero. El ataque chileno necesitaba demasiado de Suazo. Y justamente por intermedio del calvo delantero, la visita dispuso de una buena oportunidad para romper el cero. Tras un enganche ante Milito, el intento pasó muy cerca del poste izquierdo del Pato. Argentina dominaba territorialmente, pero no encontraba la llave para quebrar la paridad que evidenciaba el resultado. Y a veinte del descanso, esa pasividad quedó destruida por la magia de Riquelme. En un calco de aquel golazo con Boca a River, por la Libertadores 2000, también de tiro libre, el ídolo xeneize acarició con su guante y colgó la pelota en el ángulo superior izquierdo de Bravo. El arquero, inmóvil, no tuvo otra opción que rendirse a los pies de esa tonelada de calidad. Román corrió, corrió y lo gritó con todo: 1-0. La ventaja le dio a la Selección la calma que necesitaba y, por momentos, el nivel futbolístico del equipo entusiasmaba. Luego de una linda combinación entre Messi, Riquelme y Cambiasso, Maxi Rodríguez remató desde el borde del área. Desvío y afuera. Al ratito, Messi recuperó por izquierda, encaró y tocó al medio. Tevez pateó al arco sin pararla. Cerca. Moría la primera parte. Y Riquelme, muy vivo, buscó con éxito la falta cerca de la medialuna. Brazos en jarra, se paró frente a la pelota y sacó otro conejo de la galera. Derechazo bárbaro por afuera de la barrera y 2-0 para provocar el delirio total en la cancha de River. El entretiempo llegó al ritmo de un grito desenfrenado que alababa a la gran figura: "Riqueeelme, Riqueeelme, Riqueeelme...". Si Argentina podía tener algún problema dentro de esa clara victoria parcial, la expulsión de Alvarez en el inicio del complemento fue la solución. Con superioridad numérica y la inspiración de Riquelme y Messi, se le facilitaba la cuestión a los dirigidos por el Coco. A todo esto, Chile iba a la carga desordenadamente, en la búsqueda casi desesperada del descuento. Y dejaba muchos espacios en el fondo. Tevez pudo aumentar en una gran jugada de izquierda hacia el medio que concluyó con un remate alto. La historia estaba prácticamente liquidada. Basile aprovechó para probar variantes. Gago reemplazó a Maxi y se ubicó como volante central. Con este cambio, Mascherano se recostó sobre la banda derecha. Enseguida, el técnico hizo la segunda modificación: Agüero por Tevez. Hacía varios minutos que la gente pedía el ingreso del Kun. Cambiasso tuvo el tercero, por izquierda. El Cuchu intentó picarla y el arquero Bravo respondió bien. Otra estuvo en los pies de Agüero, pero lo taparon en el momento justo. El cierre le sirvió a la Selección para florearse ante la ovación de los hinchas. A puro toque, el "Oooleee, Oooleee..." caía como por una cascada desde las tribunas locales del Monumental. Saviola entró por Messi y los aplausos fueron ensordecedores. Con la posesión de la pelota y los aciertos en el momento indicado, Argentina dejó atrás la primera prueba sin pasar sobresaltos y le permitió festejar al público futbolero, justo cuando todo el país vibra al son de Los Pumas. Aunque quedó la sensación de que el triunfo pudo haber sido por una diferencia mayor, hay puntos para destacar: la solidez defensiva de Milito y Demichelis, el equilibrio que aportó Mascherano y la desfachatez de un Messi muy movedizo. Riquelme, héroe y figura.
Movieron, la pelota derivó a la zona del ataque celeste y se fue al corner. El tiro de esquina perfectamente servido por Cristian Rodríguez encontró Abreu, sólo, en el punto del penal. El cabezazo fallido se perdió afuera. Dos minutos después, una gran jugada de Cristian Rodríguez por la izquierda, el centro para Abreu, el toque para Luis Suárez que entró sólo, el remate cruzado al arco se iba afuera pero encontró a Forlán, sólo, quien remató desviado cuando el línea había señalado posición adelantada del rubio delantero celeste. Al minuto siguiente, a los cuatro de juego, por la izquierda del avance uruguayo Abreu y Forlán combinaron de cabeza, y el jugador del Atlético de Madrid metió un pelota largo para la derecha. Sólo recepcionó Luis Suárez, se sacó de encima al marcador Alvarez con impecable gambeta, pisó el área y le pegó de izquierda, seco y bajo el remate se coló en el arco de Galarza. La forma impecable como definió el futbolista del Ayax nos hizo acordar al "Lucho" Borges, aquel puntero ambidiestro de Peñarol y la selección de la Copa del Mundo de 1924 que se aburrió de hacer goles de esta forma jugando por cualquiera de las dos puntas.











Inesperado en la previa, el cruce fue tomando temperatura con el correr de los días. Fundamentalmente porque La Volpe volvía a La Boca después de perder increíblemente el último campeonato ante Estudiantes. Y Russo, ahora en el Xeneize, también se veía las caras con su ex equipo. Final anticipada, para algunos, aunque esa sentencia, sonaba algo exagerada. Era la hora de jugar. La última vez que Boca había sido local en su estadio por la Copa se remontaba a dos años atrás, en la recordada noche del escupitajo del Chino Benítez a Bautista, de las Chivas de Guadalajara. Hoy, La Bombonera recibía a los dos únicos argentinos que quedaban con vida en el torneo. El Fortín pareció arrancar con las luces prendidas. Se plantó en campo rival y fue a la carga con la potencia de Castromán y Mauro Zárate. Este último, al minuto, probó con un remate desde afuera del área y Caranta controló. Pero la tortilla se dio vuelta rápidamente. Y a los nueve, el Xeneize clavó la primera puñalada. La defensa visitante no rechazó, Palermo tocó atrás y Riquelme, solo, por izquierda, metió un derechazo tremendo con cara interna. La pelota se metió en el ángulo superior izquierdo de Sessa: golazo y 1-0. A partir de la ventaja, fue prácticamente un monólogo de Boca, que tuvo reiteradas ocasiones para aumentar la diferencia. Riquelme habilitó con un gran pase en cortada a Cardozo y éste tocó al medio a Palacio. El bahiense extendió hacia la izquierda y Palermo fusiló a Sessa. Pero el arquero tapó. Luego, un rechazo alejó el peligro. Lo de Vélez en ataque era muy pobre. Zárate, muy buena pegada, probó de tiro libre. Sin éxito. Y cuando restaban veinte para el descanso, Sessa sacó a relucir ese costado que en el último tiempo lo puso más de una vez en el centro de las polémicas. Saltó para agarrar la pelota ante Palacio, en una jugada que ya estaba concluida, y le metió una terrible plancha en la cara. Sin titubear, Baldassi expulsó al Gato y cobró el penal. Todo servido en bandeja para los de Russo. Sin embargo, desde los doce pasos y ya con Peratta -ingresó por Zárate- en el arco, Palermo le dio muy de abajo y mandó la pelota por arriba del travesaño. Pese a la superioridad numérica del local, el trámite aún estaba abierto. Con un Vélez retrasado y ya completamente decidido a apostar al contraataque, Boca intentó llevárselo por delante y aprovechar para estirar la ventaja. Fue para adelante por todos lados. Y tuvo una buena con Clemente Rodríguez, pero el dominio terminó siendo territorial, lo que dejó una sensación de sabor a poco en el Xeneize de cara al entretiempo. Lejos de cambiar de dueño, la segunda parte mantuvo al equipo de Russo como amo y señor del partido. La diferencia de uno era exigua para lo que había sido el desarrollo y más teniendo en cuenta el hombre de más con el que contaba el local. Así, llegó un maratón de situaciones. Primero, Palacio aprovechó una falla defensiva y definió en el área. Peratta respondió en gran forma. Luego, Ledesma metió un tremendo sablazo desde afuera del área. Cerca del travesaño. Y al ratito, Clemente se abatató ante el arquero visitante y no pudo resolver en una chance clarita. Entonces, apareció el goleador. Se jugaba un cuarto de hora de esa etapa final. Ledesma recibió un toque atrás de Ibarra y, de primera, tiró un centro bárbaro que encontró a Palermo. El nueve ganó en las alturas y su cabezazo bombeado se metió por arriba, a la izquierda de Peratta. El 2-0 contagiaba algo más de tranquilidad. Y estaba bien. Pero faltaba la frutilla del postre. Riquelme la pisó, puso un buen pase en cortada, de zurda, y Clemente, como un viejo wing izquierdo, se proyectó, se metió en el área y enganchó para su derecha. La definición, digna de un goleador, fue con un remate al primer palo de Peratta. El arquero nada pudo hacer. Y el 3-0 dejó plasmada la amplia superioridad que había demostrado el Xeneize a lo largo del juego. Con un pie en cuartos de final, la serie se define el próximo miércoles en Liniers.











